martes, 10 de enero de 2017

Agujetas sociales para trayectos empinados

Hay muchas cosas que me duelen en la práctica profesional del Trabajo Social.

Por ejemplo, me duelen los papeles y las normas.
Me tortura la angustia reflejada en los rostros, las lágrimas provocadas por la prisión de la miseria, la privación de unos mínimos en este Estado del Malestar.
Me pesan las miradas tristes, las manos rotas por las deudas y las sonrisas que ocultan llanto.
Me contraría la mesa que me separa de lo auténtico, de los sentimientos y vivencias reales, esa mesa que parece distanciarme de las realidades duras de quienes se sientan al otro lado. La mesa de la anti-empatía.
Me entristece que los años en ese lado de la mesa se conviertan en frialdad e indiferencia y que ser buena profesional signifique atrincherar el corazón y olvidarlo en un cajón del despacho. Disculpa, código deontológico.

Me encabronan los tiempos. Que las familias sufran los retrasos de la Administración, que l@s polític@s hagan promesas y la acción sólo comience con la amenaza de abandonar su sillón, publicando noticias en prensa todavía pendientes de confirmación.
Me molesta la denegación de ayudas económicas que valoro necesarias, urgentes o justas. Me desazonan l@s profesionales de lo social sin escrúpulos.
No me gusta nada la continua actitud demandante. Tampoco aguanto que me engañen, que me cuenten milongas, aunque no me hace falta conocer toda la verdad.

Me acongoja derivar al albergue municipal a personas con enfermedad mental, sobre todo, si es la primera vez que van.
Me da miedo caer en el vicio de encasillar, de ver siempre en una persona, alguien sin hogar, que no puede optar a los recursos ni a la vida "normalizada".
Me angustian las fronteras que recortan dignidades, que abandonan sin derechos a las personas migrantes: sin empleo, sin estabilidad ni apoyos económicos, destinadas a la exclusión.
Me perturba la precariedad laboral para la juventud a la que no se le da la oportunidad de crecer ni emprender y la experiencia poco aprovechada de l@s cincuenton@s, que no han cotizado lo bastante como para retirarse.
Me desborda la escasa educación sexual, la cantidad de divorcios a edades tempranas y la herencia que se lega a es@s niñ@s recién nacid@s, cuando el "amor" no lo es todo.
Me enrabieta el alto porcentaje de familias monomarentales y esos hombres que no son padres ni quieren serlo, aunque hayan tenido hij@s.

Me duele especialmente la infancia que sufre carencias, que padece violencia intrafamiliar y machista, que ve como sus progenitores se evaden esnifándose las pastillas para el TDAH.
Me angustian todas las violencias, también la burocrática que todo el mundo soportamos por una mala coordinación.
Me asustan las envidias sin causa, las comparaciones odiosas, el racismo de las opiniones generalizadas.
Me inquieta juzgar los errores en las historia de l@s demás y quisiera no tener que preguntar.

Me atormenta la soledad de quien no tiene a nadie o de quien es esclav@ de sus pensamientos. Las personas solas recién salidas del hospital, que vuelven a casa con muletas, pero sin nadie que les abra la puerta. Sin acceso posible a la medicación y, a lo mejor, sin calefacción.
Me rebelo a que la vida gire en torno a lo material, en torno a lo que nos falta y que camufla lo realmente importante. Me rebelo a las penurias y contra los ladrones de derechos humanos.

Me produce escalofríos los comedores sociales repletos, gente durmiendo en las calles, las ideologías del cemento. Me enfada que, por desconocimiento e ignorancia, se critique a las organizaciones caritativas, que con su implicación e inmediatez salvan tantas situaciones.

Y sobre todo, lo que me duele de verdad de todo esto (y me dejo muchas cosas), es que no me duela lo suficiente.

Sin embargo, mantengo una esperanza ciega, una confianza plena en la capacidad de resiliencia de las personas, en que unid@s somos más fuertes y en que el cambio social es posible, siempre y cuando sigamos intentándolo y luchemos por la justicia.

Más manis y menos sofá.

El mundo se transforma con hechos, no con opiniones.