martes, 27 de octubre de 2015

Miedos

Me da miedo que llegue el día en que me mire al espejo y no me reconozca. O peor aún, que me reconozca y descubra que soy como nunca quise ser. Como Dorian Gray, siendo en apariencia como la sociedad quiere, pensando y sintiendo como una autómata más, pero con el interior podrido, vacío. Ebria de egocentrismo e individualismo. La moda de las masas.

Me da miedo haberme perdido en ideologías, política; entre lógicas y razonamientos; olvidando lo esencial. Me da miedo embarcarme en mil aventuras con la pretensión de no encerrarme, de vivir, de salir del cascarón, para darme cuenta demasiado tarde que mi vida estaba entre quienes lo dieron todo por mí, en los momentos sencillos, en la simple alegría de compartir. Me da miedo el amor materno/paterno. Me da miedo apegarme. Me da miedo el egoísmo que me cubre de indiferencia, de argumentos para justificarme. Me da miedo acostumbrarme a la injusticia y a esa horrible distinción entre ricos y pobres. Me da miedo que la soberbia haya convertido mi corazón en piedra para siempre. Me da miedo que mis deseos sean, en un futuro, cadenas. Me da miedo soñar sueños fáciles que me inducen a una vida mediocre. Me da miedo no estar preparada para las grandes utopías.

Me da miedo la incoherencia entre mis creencias y mis actos. Me da miedo ser consciente. Me da miedo no poder engañarte al respecto. Me da miedo ser insensible a los problemas ajenos. Me dan miedo las lágrimas de cocodrilo y desaprender el llanto. Me dan miedo los abrazos no sinceros porque duelen. Me dan miedo las palabras pronunciadas sin que pasen el filtro del corazón. Me da miedo las ataduras, pero me siento segura en su regazo. Me da miedo la inestabilidad, no ser capaz de desvestirme de este disfraz.

Me da miedo esa rabia que consume, el acomodamiento que aplatana, la sonrisa que se pierde entre las comisuras sin que nadie la reciba. Me da miedo no estar atenta y no caer en los detalles. Me da miedo el chantaje emocional y que “me coman el tarro”. Me da miedo la frivolidad, la crueldad, la agresividad diplomática. Me da miedo mi incapacidad para amar mejor e incondicionalmente. Me da miedo no saber o no poder hacer lo que debería. Me da miedo que me venza el desánimo, perder la esperanza, dejar de intentarlo. Me da miedo la mala memoria. Me da miedo quedar varada en el pasado, no recuperar partes de mí que se me olvidaron por el camino y me aterra pensar que no me reencontraré con las personas que lo hicieron posible. 

Me da miedo el país de Nunca Jamás y las despedidas; el "para siempre", la esclavitud a algo... o a alguien, que me mutilen las alas -o las ganas de volar-. A veces, me da miedo no ser recordada por gente que es parte de mí. Me da miedo no mostrarme quien soy a mí misma. Me da miedo no encontrarme, no encajar nunca en ningún sitio, no formar parte de nada, estar sola rodeada de incomprensión. Me da miedo el tiempo, que pasa, no se detiene, no retrocede y nunca vuelve.

Me da miedo no saber qué es verdad y qué no lo es. Me da miedo sentir miedo, no ser invencible, estar bloqueada, que la confusión me aprisione. Me da miedo acostarme cada noche preguntándome por qué hay personas maravillosas tan lejos de mí.

Pero, sobre todo, temo que el agujero negro me engulla y ahogarme en el fuel, sin estrellas, sin colores, sin arena donde merezca la pena dejar huella.

"Apenas lo admito yo misma. Y no es otro que el miedo que me da ser libre, aunque a menudo deseo serlo. Tengo miedo de lo que pueda pasarme, de qué será de mí cuando 'baba'* no esté. He vivido toda mi vida como un pez de acuario, bien protegida en mi gigantesca pecera, tras una barrera tan impenetrable como transparente. He tenido la libertad de observar el reluciente mundo del otro lado, de imaginarme en él si quería. Pero siempre he estado reprimida, costreñida por los duros e inflexibles límites de la existencia que me ha construido 'baba', conscientemente al principio, cuando yo era joven, y con absoluta inocencia ahora que se deteriora día a día. Creo que me he acostumbrado a estar detrás del cristal, y me asusta pensar que, cuando se rompa, me veré arrojada al vasto territorio de lo desconocido aleteando indefensa, perdida y sin aliento, boqueando." (Y las montañas hablaron, Khaled Hosseini) * Papá.