lunes, 9 de febrero de 2015

Entre el encuentro y la ausencia

A Sergio

Él. Siempre es él. Se asoma a mis pensamientos de puntillas. Sin hacer ruido. Y de pronto su presencia me asusta, incluso me avergüenza. Pero creo que me estoy acostumbrando.

Sólo le he visto una vez. Pero su mirada fue tan auténtica que bastó para que piense en él todos los días, a cada rato. La autenticidad ha pasado de moda y cuando la reconoces en una sonrisa sincera, ya no quieres separarte de ella.

En el autobús busco un rostro similar; entre la gente, un gesto parecido. Camino por las calles intentando hallar entre el deambular de personas sin nombre esa mirada que me proteja del olvido. Pero no la encuentro y es entonces cuando me desespero y mi deseo vuela hasta fusionarse con su recuerdo. Esa mirada oscura, brillante. Mirada humana.
"Me da miedo la enormidad, donde nadie oye mi voz"
Habitaba en las calles, su mundo entre botellas y cartones, envenenado de angustia. En compañía de la soledad y una gratitud eterna, paradógica, reflejada en sus pupilas. Alma de poeta y cuerpo herido de frío y realidad. Sueños de alquitrán. Un buscador, al igual que yo. Una presencia maldita para una civilización en ruinas. Una existencia entre sombras que aquel día iluminó la mía.

El corazón va perdiendo su color conforme pasa el tiempo sin saber de él. Como si fuera derramando gotitas de ilusión ante tanta sinrazón. Pero no pierdo la esperanza. Así tenga que remover cielo y tierra para volver a verle... y cuando lo haga, tengo claro que le daré el abrazo más grande y fuerte, poniendo todo el cariño, toda la ternura... hasta que me pueda perdonar.

Sólo deseo que hasta que llegue ese momento, él esté bien. Que la felicidad, aunque sea a pequeños sorbitos, haya llegado a su vida. Que no esté tan triste como cuando le conocí. Que no haya perdido las ganas de vivir. Que no haya perdido las ganas de luchar. Que no haya perdido la capacidad de amar por no sentirse amado. Que sepa, que en cierto rincón del planeta hay una persona, que de una manera desconocida y oculta, piensa en él. Que le quiere, aunque parezca imposible, sin conocerle.


Oí decir que lo volvieron a ver paseando sin rumbo por parques y plazas y que sonrió cuando le llamaron por su nombre. Me contaron que en aquella ocasión, el monstruo que le perseguía por el laberinto de su mente estaba descansando y, que al menos por un tiempo, no fue prisionero de su embrujo. Escuché que después se marchó, envuelto en ese halo de melancolía y que nada más se supo de él. Tal vez, se acordó del camino de vuelta a casa. Tal vez, todavía ande indagando. 

Y yo sé que volveremos a encontrarnos.


PALABRAS DE UN DESHEREDADO
"Cuando te ves solo, en la calle... te vienes abajo, pero si tienes suerte, un poquito de suerte, y no te atrapa un poco la calle por otro camino que, a lo mejor no te conviene, tema de drogas, tema de alcohol... te mantienes lo más cuerdo posible... tienes suerte, pues... te subes tú mismo ¿no? No te creas que somos tan débiles. Uno mismo se da cuenta de que es fuerte, luego, al final. Más fuerte de lo que nunca llegaste a pensar”. (Granada, 2012)