martes, 1 de diciembre de 2015

La dama y su corcel

Desde Septiembre de 2009 hasta Agosto de 2015. ¡Gracias amiga!


"Había una vez
un ángel de El Kelaa Des Srharna,
en la región de Marrakech,
que durante un tiempo,
paseó por estas calles
y convivió con nosotras..."
El Kelaa Des Sraghna

Últimamente regreso a menudo a Tudela. A las calles, plazas y cafeterías a las que íbamos juntas, de las que ni siquiera sabías el nombre y te reías de ti misma. Camino hasta el Ebro, donde en aquella ocasión te pedí amistad eterna- rodilla hincada incluida- y una funda de cojín árabe como señal de compromiso. Tus carcajadas todavía resuenan en las aguas.

A continuación, me acerco a tu burrito. El primer día que te visité en Tudela, estuviste toda la tarde dándome la murga de que me tenías que llevar a ver al burrito, que era lo que más te gustaba de tu ciudad. Como poco, imaginé una gran escultura de un asno de mirada humilde y alforjas llenas. Debí intuir que tú te dejabas siempre sorprender y encandilar por cosas más sencillas, como la silueta de un pollino pintada en la pared desconchada de un edificio viejo. En mis sueños, me aproximo a él y le acarició el lomo mientras cierro los ojos... y siento que estás ahí, a mi lado, con tu perfume, tu risa blanca, tu sonrisa auténtica y tu presencia firme. Un ángel.

Nunca pensé que tendría que escribirte esto, así, en estas circunstancias. Hasta ahora sólo habíamos compartido apuntes (Arial 11, interlineado 1'5, ¡ésa eras tú!) y esos escritos tan nuestros que no nos atrevíamos a enseñar a nadie más.

Querida amiga, creí que había aprendido a mirarte en mis recuerdos desde el cariño y el agradecimiento, pero todavía queda mucha nostalgia. Es difícil despedirse de una amiga; es terrible asumir que no volveré a sentir ese feeling, esa confianza total, plena, inexistente con alguien más, que me llenaba de seguridad y alegría.

Y es que entendíamos la vida desde la misma perspectiva: lo personal, lo familiar, lo social, los estudios, la fe... aunque tú fueras musulmana y yo cristiana. Era gracioso cuando hablábamos: 

- Soy un bicho raro por esto que creo/siento/pienso/me ocurre... 
- ¡Y yo!! Entre mi gente, también soy a la única que le pasa”.

Sinergia perfecta. ¿Cómo era posible que la distancia y el tiempo no fueran impedimentos cada vez que volvíamos a vernos?

Todas las noches, antes de dormir, le pido a Dios que te diga que te quiero y tantas otras cosas que me hubiese gustado contarte y que no tuve tiempo. Que apliqué los consejos que me diste la última vez que nos vimos. Cosas de mi trabajo que sé que sólo tú escucharías y comprenderías de esa manera que sólo tú sabías hacerlo. Que agradezco las interminables charlas por teléfono cuando estudié en Granada, aunque tuviéramos exámenes al día siguiente; los encuentros personales ¡y los whatsapp Pamplona- Tudela y viceversa! Que añoro tu bondad espontánea, tu optimismo y tu forma de animarme los días. Que necesito tus abrazos, saber de ti, de tus bromas y teorías racionales. Que disfruté atendiendo tus preocupaciones, tus dudas e intenté darte lo mejor de mí como esperanza.

Recuerdo tu inocencia y cómo hablabas con desconocid@s como si l@s conocieras desde hace años. Recuerdo lo concreto: ¡cómo me cuidaste aquel día de Julio que llovía a cántaros para que no me mojara porque tenía una celebración! Cuando me invitaste a merendar aunque estuvieras de Ramadán, y me explicaste que no lo pasabas mal, sino que llovían bendiciones para ambas. Aquel té en el Café Iruña después de nuestro último examen de primero, ¡el más difícil! ¡Cómo competíamos por la nota! Una tontería de lo más motivadora.

El eco de tus tacones por los pasillos del tercer piso del Aulario, tu letra redondita, tus galletitas de chocolate, tu hiyab negro, tu tono de voz intenso, tu mirada limpia; nuestros sueños de futuro y nuestros planes más inmediatos que nunca llegamos a realizar; cada conversación, cada gesto, cada detalle... ¿En serio fuiste de verdad? ¡Mil gracias por tanto!

¿Y aún me preguntan cómo es que me dura el dolor? Porque... ¿qué voy a hacer ahora cada vez que necesite una dosis de ti en estado puro? Aquí te dejo el corazón en bandeja. Una herida a la espera de ser cicatrizada.

Tudela permanece vacía y triste desde que no estás.
Cuando os separéis de una amiga, no sufráis; porque lo que más amáis en ella, se aclarará en su ausencia, como la montaña es más clara desde el llano para el montañés. (Khalil Gibran)


"La resurrección es nuestra fe,
Volvernos a encontrar, nuestra esperanza;
El recuerdo, nuestro amor".
Te quiero, amiga.


"No te enamores de una mujer que lee,
de una mujer que siente demasiado,
de una mujer que escribe…

No te enamores de una mujer culta, maga,

delirante, loca.

No te enamores de una mujer que piensa,

que sabe lo que sabe y además sabe volar;
una mujer segura de sí misma.

No te enamores de una mujer que sabe convertir en espíritu su carne;
y mucho menos de una que ame la poesía

(esas son las más peligrosas),
o que se quede media hora contemplando una pintura
y no sepa vivir sin la música.

No te enamores de una mujer a la que le interese la política y que sea rebelde 

y sienta un inmenso horror por las injusticias.

Una a la que le gusten los juegos de fútbol y de pelota 

y no le guste para nada ver televisión.

Ni de una mujer que es bella sin importar las características de su cara y de su cuerpo.

No te enamores de una mujer intensa, lúdica

y lúcida e irreverente.

No quieras enamorarte de una mujer así.

Porque cuando te enamoras de una mujer como ésa,
se quede ella contigo o no,
te ame ella o no,
de ella, de una mujer así,
JAMÁS se regresa."

-Martha Rivera Garrido-

sábado, 28 de noviembre de 2015

Alzar la mirada

A veces, echo la vista atrás y reflexiono sobre mi historia. Los acontecimientos son como piezas de puzzle que no siempre tienen sentido. Mi libertad me ha conducido a momentos geniales y a momentos oscuros. Mi libertad y la propia vida. Sin embargo, ahora, desde ese futuro que ya llegó, esas piezas de rompecabezas se van encadenando. Y si las miras con cierta distancia, crean un dibujo lleno de color.

Como si fuera uno de esos crucigramas o juegos de palabras que esconden un mensaje transversal en su interior, también mi historia es atravesada por cuatro letras que parecen tener todas las respuestas y significarlo todo. A-M-O-R.

Hasta los sentimientos, las situaciones y sueños más absurdos tienen un hueco y una misión. Cada instante que ha rebosado el corazón y cada fracaso. Los recuerdos infantiles que un día, sin previo aviso, retornan a tu mente... Como si una mano invisible ordenara las fichas para escribir a partir de ellas la más bella historia jamás contada, una historia original y perfecta para una protagonista imperfecta. Y es que, incluso lo que en un principio parecían errores, se convierten en pasos necesarios para encontrarte a ti misma.

He descubierto que el secreto está en alzar la mirada y ver más allá de lo que te ocurre en el momento presente, de tu ombligo y tus problemas. La vida está llena de ellos y no hay una única receta para solucionarlos. Las buenas épocas son anclas a las que agarrarnos cuando amenaza tormenta. Y seguramente, los malos tiempos, te preparen para algo mucho mejor. ¿Quién sabe? Las cosas siempre suceden por algo, aunque casi nunca comprendamos el porqué ni el para qué. Nos empujan a seguir buscando, con confianza y firmes en la esperanza. Con los pies bien plantados en el suelo y la mirada permanentemente hacia el Cielo.

¿Te ha pasado alguna vez que te sientes como un héroe y has creído que tal vez, ya has cumplido tu misión? Piensas que el mundo está en tus manos. Todo depende de ti.
¿Has sentido alguna vez que tu vida es un fracaso? Cuando has dado lo mejor, todo resulta al revés. Te has entregado con todo el alma y en tus manos no hay nada.
Hay un secreto que no has descubierto y es la clave del éxito.
Hay un campesino que el secreto descubrió y al final de su jornada, cuando ya se ha puesto el sol, levanta sus ojos al cielo y dice "Yo ya terminé. Ahora a ti te toca hacer llover". 

martes, 27 de octubre de 2015

Miedos

Me da miedo que llegue el día en que me mire al espejo y no me reconozca. O peor aún, que me reconozca y descubra que soy como nunca quise ser. Como Dorian Gray, siendo en apariencia como la sociedad quiere, pensando y sintiendo como una autómata más, pero con el interior podrido, vacío. Ebria de egocentrismo e individualismo. La moda de las masas.

Me da miedo haberme perdido en ideologías, política; entre lógicas y razonamientos; olvidando lo esencial. Me da miedo embarcarme en mil aventuras con la pretensión de no encerrarme, de vivir, de salir del cascarón, para darme cuenta demasiado tarde que mi vida estaba entre quienes lo dieron todo por mí, en los momentos sencillos, en la simple alegría de compartir. Me da miedo el amor materno/paterno. Me da miedo apegarme. Me da miedo el egoísmo que me cubre de indiferencia, de argumentos para justificarme. Me da miedo que la soberbia haya convertido mi corazón en piedra para siempre. Me da miedo que mis deseos sean, en un futuro, cadenas. Me da miedo soñar sueños fáciles que me inducen a una vida mediocre. Me da miedo no estar preparada para las grandes utopías.

Me da miedo la incoherencia entre mis creencias y mis actos. Me da miedo ser consciente. Me da miedo no poder engañarte al respecto. Me da miedo ser insensible a los problemas ajenos. Me dan miedo las lágrimas de cocodrilo y desaprender el llanto. Me dan miedo los abrazos no sinceros porque duelen. Me dan miedo las palabras pronunciadas sin que pasen el filtro del corazón. Me da miedo las ataduras, pero me siento segura en su regazo. Me da miedo la inestabilidad, no ser capaz de desvestirme de este disfraz.

Me da miedo esa rabia que consume, el acomodamiento que aplatana, la sonrisa que se pierde entre las comisuras sin que nadie la reciba. Me da miedo no estar atenta y no caer en los detalles. Me da miedo el chantaje emocional y que “me coman el tarro”. Me da miedo la frivolidad, la crueldad, la agresividad diplomática. Me da miedo mi incapacidad para amar mejor e incondicionalmente. Me da miedo que me venza el desánimo, perder la esperanza, dejar de intentarlo. Me da miedo la mala memoria. Me da miedo el país de Nunca Jamás y las despedidas; el "para siempre", la esclavitud a algo... o a alguien, que me mutilen las alas -o las ganas de volar-. Me da miedo no mostrarme quien soy a mí misma. Me da miedo no encontrarme, no encajar nunca en ningún sitio, no formar parte de nada, estar sola rodeada de incomprensión. Me da miedo el tiempo, que pasa, no se detiene, no retrocede y nunca vuelve.

Me da miedo no saber qué es verdad y qué no lo es. Me da miedo sentir miedo, no ser invencible, estar bloqueada, que la confusión me aprisione. Me da miedo acostarme cada noche preguntándome por qué hay personas maravillosas tan lejos de mí.

Pero, sobre todo, temo que el agujero negro me engulla y ahogarme en el fuel, sin estrellas, sin colores, sin arena donde merezca la pena dejar huella.

"Apenas lo admito yo misma. Y no es otro que el miedo que me da ser libre, aunque a menudo deseo serlo. Tengo miedo de lo que pueda pasarme, de qué será de mí cuando 'baba'* no esté. He vivido toda mi vida como un pez de acuario, bien protegida en mi gigantesca pecera, tras una barrera tan impenetrable como transparente. He tenido la libertad de observar el reluciente mundo del otro lado, de imaginarme en él si quería. Pero siempre he estado reprimida, costreñida por los duros e inflexibles límites de la existencia que me ha construido 'baba', conscientemente al principio, cuando yo era joven, y con absoluta inocencia ahora que se deteriora día a día. Creo que me he acostumbrado a estar detrás del cristal, y me asusta pensar que, cuando se rompa, me veré arrojada al vasto territorio de lo desconocido aleteando indefensa, perdida y sin aliento, boqueando." (Y las montañas hablaron, Khaled Hosseini) * Papá.

sábado, 26 de septiembre de 2015

La princesa que escapó por la ventana y se piró

La princesa vivía encerrada en la lujosa torre de palacio, donde sólo debía preocuparse por mirarse al espejo y ponerse guapa para el príncipe azul que fuera a rescatarla del dragón que la custodiaba tras esos muros.

Un día, mientras barría el suelo de su alcoba, se preguntó por qué tenía que usar la escoba para algo tan vulgar y aburrido, cuando había un sinfín de otras actividades más provechosas que podía realizar con ella. Así que, con gran determinación, se quitó ese horrible vestido que le oprimía el pecho, montó sobre su escoba y salió volando por el pequeño ventanuco.

Entonces, se dio cuenta de que era libre, que la vida de fuera era fantástica y que no necesitaba que la salvaran. Que nadie podía decidir por ella su futuro ni su felicidad.

Y se dio cuenta, que no había dragón ni hechizo que la obligaran a quedarse en el palacio, que todo habían sido mentiras para que los príncipes azules mantuvieran sus privilegios y el mundo continuara su curso como hasta ahora.

Y se rebeló. Fue consciente de que ella tenía muchos más talentos que haber aprendido a limpiar y saberse maquillar. Que merecía mucho más que una vida de espera para ser convertida en trofeo. ¿Quién le garantizaba que le gustaría el príncipe? Nadie le había preguntado su opinión. No deseaba malgastar su tiempo besando sapos disfrazados. 

Vio como, al no pintarse, se le notaban las verrugas de la cara, pero no le importó, porque ya no usaba espejos y sólo tenía que gustarse a sí misma. Además, las otras brujas también tenían defectos, pero éstos no les impedían vivir en armonía, respetándose y ayudándose.

El rey, el padre de la princesa, encolerizó al enterarse de la noticia y amenazó a su hija con desheredarla si no regresaba a su cárcel de mármol.

Y la antigua princesa, no tuvo más remedio que tintar su sangre azul para volverla maravillosamente roja, perder comodidades, corona, lujos, protocolos, amistades de conveniencia, la obligación de la boda, de ser madre, florero y fregona.

Así fue como esta bruja encontró su lugar, obedeciendo únicamente a su corazón y descubriendo mundo sobre su escoba, conociendo duendes, ninfas, fuegos fatuos, sirenas, tritones, muchas brujas y algún que otro brujo. 

A veces, visitaba a las princesas que seguían esperando y las invitaba a la libertad, pero les daba tanto miedo que se dormían para no escucharla. Otras se enfadaban cuando les demostraba que la rutina desgastaba el azul de los príncipes.

La gente que no la conocía, pensaba que no fue princesa porque era tan fea que ningún príncipe la quiso, pero eso fue porque cometían el error de creer que la propia identidad dependía del estatus de esos otros masculinos. Lo que nunca supieron fue que ella no necesitaba que nadie amase la belleza de una máscara, cuando ella se sentía amada, amaba y se amó con el alma.

Así, ella fue feliz para siempre y comió... lechuga y mucho muchísimo chocolate.


martes, 18 de agosto de 2015

Las heridas de Paco

A Txema

Paco tiene el cabello de plata y el mar en la mirada. No sabe escribir, pero sus sonrisas se leen por sí solas y cuentan una historia con poquitas luces y demasiadas sombras.

Paco tiene las uñas muy negras de tanto extender la mano y no recibir más que monedas de sucias conciencias.

Paco sabe que se ha equivocado muchas veces, pero nadie le enseñó a vivir y tuvo que arreglárselas solo.

Paco no duerme y acumula sueños grises en las alforjas bajo sus ojos. Quizás, en otra vida, los pinte de colores para hacerlos realidad.

Paco no sabe llorar y piensa que si le quedase alguna lágrima por derramar, la vendería por tiernas caricias.

Paco sufre del corazón y el médico le ha recetado altas dosis de cariños, que no se lo entregue a cualquiera; pero Paco todavía no ha aprendido que ser egoísta sirve como mecanismo de defensa y da lo único que tiene: un corazón grande y rojo, una esperanza que no se marchita.

A cambio del tacto cómodo del colchón bajo su espalda, Paco es el heredero de un inmenso cielo estrellado que se cierne sobre su pecho en las noches a la intemperie. La Luna de rostro pálido le canta una nana y en su cuarto creciente lo acuna dulcemente. Él le manda el tesoro de sus besos amargos, ésos que no pudo dar porque nadie los quiso. El frío lo abraza y lo abrigan los montes. El viento le susurra leyendas, antiguos secretos que sólo él intuye. El alma aprovecha y se eleva hasta Otr@ que sí le comprende.

Cuando Paco se mira al espejo, recorre en sus demacradas facciones las de ese hijo que no conoce y al que imagina feliz y perfecto. A Paco le gustaría verlo y ofrecerle lo que no posee. Siente miedo al experimentar las cicatrices que el tiempo hace en su cuerpo viejo; miedo de que el mundo no le brinde una segunda oportunidad.

Yo quiero adoptar a Paco, jugar a ser su familia, pero Paco está muy cansado de tantas mentiras.

Con suerte, un día Paco vivirá en una residencia de paredes blancas y olor a amoniaco. Por las tardes, un hombre se acercará y lo llevará de paseo por el jardín mientras pronuncia palabras que él ya no escucha. Los Domingos también lo visitarán sus nietas. Pero Paco ya no sabe, ya no entiende... A fuerza de tanto olvidar, ha olvidado recordar. Sus ilusiones se escaparon por la ventana y la vida sigue irreverente e imperturbable.

Podría ser diferente...

Es triste ver tu pobre rostro herido, pero tú no eres tus heridas"

jueves, 16 de julio de 2015

El álbum de los recuerdos

Ayer estuve viendo álbumes de fotos, de mis padres cuando eran novi@s, de mi hermano cuando era pequeño antes de nacer yo, cuando nací... cómo fui creciendo. Volvieron a mí un montón de sensaciones, no recuerdos nítidos, pero... no sé...

Me gusta pensar que todo era más sencillo- que no más fácil- antes, cuando no se poseía tanto, cuando no tenían habitaciones individuales y las sonrisas no eran tan blancas, aunque probablemente, sí más sinceras. Cuando Internet no robaba tiempo de vida y cuando las relaciones eran cara a cara. Cuando todo estaba rodeado de un ambiente de ingenuidad, quizás por incultura, pero yo prefiero pensar que era simplemente por la sencillez de la vida, tal vez porque el modo de vivir en la ciudad era algo nuevo y se traían un poco el estilo del pueblo. Cuando la familia era lo más importante y tod@s se juntaban a menudo, cuando las casas siempre estaban llenas de personas ajenas a ellas. Cuando no se veía tanto hombre musculoso ni tanta mujer Barbie, cuando la gente se quería por instinto humano o quizás divino. Cuando no era necesario fortalecer el cuerpo en un gimnasio ni la meditación para cuidar el alma. Se ayudaban un@s a otr@s por espontaneidad y no por aparentar.

Cuando no era necesario saber mucho para ser buen profesional, porque se trabajaba con el corazón y no por vanidad. Cuando cada cual tenía su estilo y éste no importaba, pero no eran un@s copias de otr@s.  Cuando el amor romántico parecía hasta que existía. 

Cuando el dinero no lo dominaba todo porque apenas se tenía. Cuando l@s vecin@s eran casi de la familia. El amor era para siempre, puente para unir e impulso para superar obstáculos. Cuando un@ se contentaba con llegar a casa del trabajo y disfrutar de sus hij@s, de su familia, de su hogar. Cuando no se ambicionaban viajes caros, solamente ir unos días a la playa. Cuando se disfrutaba de la naturaleza al máximo y sin contaminarla. Cuando la familia al completo se reunía para disfrutar un Domingo en el campo o en el río, sin otra excusa que estar junt@s. Cuando tener contactos se reducía a que te invitaran a la piscina de algún chalet de lujo en el que todo parecía demasiado.

Cuando la vida era más de verdad y no tanto de plástico, artificial como ahora. Cuando las personas eran más fuertes, maduraban antes y vivían sin miedo a lo que tenían que enfrentarse. Una época en la que se luchaba por los derechos. Una época en la que no se ambicionaba mucho, pero lo que se soñaba se conseguía, porque era posible. Una época de revolución, de hippies, punkis, de “chupas” de cuero negro; de Los Beatles, Eva María se fue, Nino Bravo...

Cuando se bailaba sin grandes aspavientos porque la música no era ruido. Cuando l@s niñ@s tenían infancia. Cuando los dibujos animados enseñaban, a veces con acentos extraños y con palabras que no comprendíamos, pero nos resultaban atrayentes. Cuando se bebía para celebrar algo ocasional y no por moda hasta caerse al suelo.

A veces, me parece que yo hubiese vivido más feliz en esa época, pero porque la tengo idealizada. Creo que no hubiera podido con la dictadura, ni con una sociedad tan clasista con los roles de género tan arraigados, ni los protocolos, ni con el terrorismo tan explícito y habitual. No hubiésemos tenido tanta diversidad cultural, tantas personas de países diferentes, no hubiese podido estudiar ni sabría todo lo que he aprendido en la universidad. Pero... a veces me pregunto si el conocimiento es, quizás, contrario a la felicidad... a esa felicidad del/a ignorante, del gañán, del/a ingenu@, del/a siempre inocente.
¡Cómo me gustaría que el mundo volviera a ser tierno!

miércoles, 17 de junio de 2015

Autenticidad

Prefiero la autenticidad al cariño,
la prefiero antes que un beso, una caricia o un abrazo.
Antepongo la autenticidad al trato amable,

la antepongo a la perfección.

Me gusta la autenticidad de las personas imperfectas,
de las personas que no tienen nada que perder
ni que demostrar, que no tienen nada que ganar.
Me gusta la autenticidad de l@s borrach@s y la inocencia de l@s niñ@s.
Me gusta la autenticidad de l@s ancian@s, que han aprendido a aceptar y no tienen nada que esconder.


Prefiero la autenticidad de un rostro triste 
que la sonrisa falsa.
Prefiero la autenticidad de las riñas en familia
que la amabilidad desconfiada de gentes extrañas.

Me gusta esa autenticidad que se ve en la mirada.
No me gusta que me encasillen, encasillarme ni encasillar.
Me gusta la libertad y ser quien soy sin cadenas que me aten.
No me gustan los protocolos, que coarten mis impulsos sanos. No me gusta.

No soporto las caretas, ni los disfraces.
Me encanta el arte como espejo de lo que llevamos dentro.
No soporto que me digan “no se puede”.
Me encanta que se luche por los sueños.
No soporto que no se den segundas oportunidades.
Me encanta la acogida sin maquillajes, sin intereses.

No soporto la obligación sin motivación.
Me encantan los espíritus libres.
No soporto los discursos sobre los valores.
Me encanta que haya vidas que trasmitan grandes ideales.

Antepongo la autenticidad a las apariencias,
a los prejuicios, a las modas, al “qué dirán”.
Antepongo la autenticidad de la soledad
a las amistades de papel.

Opto por la autenticidad antes que por el elogio.
Opto por la sinceridad porque exige valor.
Opto por la fidelidad antes que por la protección.
Opto por la verdad acompañada por la compasión.
Opto por el Amor antes que por... cualquier cosa. Más allá del color de la piel, origen, etnia, religión, creencias, cultura, orientación, historia, elecciones, circunstancias, educación, apariencias o actos.

sábado, 23 de mayo de 2015

Medjugorje


El 23 de mayo de 2013 emprendimos viaje hacia Medjugorje un grupo de un@s cincuenta peregrin@s, desde Pamplona, pasando por Barcelona para coger el avión y volar hasta Dubrovnik (Croacia) y de allí, un autobús hasta nuestro destino.

Organizaban la peregrinación una comunidad religiosa de origen colombiano y con gran devoción eucarística y mariana llamada Peregrin@s de la Eucaristía. Creo que es decisivo el grupo que se elija para viajar, para vivir la experiencia de una forma o de otra. Yo no tengo queja porque todas las personas que conocí durante esos días tienen un sitio para siempre en mí y no puedo pedirle más a la vida. Sin embargo, quiero hacer hincapié en la importancia de ser meticulos@s en este aspecto si se está preparando una peregrinación a Medjugorje (y para cualquier peregrinación en general).

En Dubrovnik, nos recogió nuestro fantástico guía, Nikola, que nos amenizó el trayecto de varias horas en bus, dándonos algunas indicaciones sobre nuestro paso por aquel lugar donde Santa María se sigue apareciendo todos los meses, según aseguran l@s videntes.

Llegué a Medjugorje en una nube, quizás por el sueño, por lo desconocido y porque durante el camino había escuchado demasiadas cosas extrañas para mí, una forma de vivir la fe diferente. Nunca me han interesado los milagros inexplicables, los acontecimientos paranormales ni los fenómenos sobrenaturales. Prefiero pisar suelo firme y experimentar la presencia de Dios en lo cotidiano, en los pequeños detalles que exigen una mirada atenta y agradecida. Pero tenía curiosidad y no me arrepiento.

Tras dejar los bultos en la pensión, fuimos a la parroquia. Hacia un día horrible de frío y lluvia y en la iglesia no cabía ni un alma. Aprovechamos las tiendas de los alrededores para comprar unas radios y escuchar las traducciones de las misas, pero no pillaban bien la señal. Decidí que no me importaba mojarme, tiritar o no enterarme de la misa la media. Quería exprimir cada instante, disfrutar de la oportunidad de estar allí con gente tan linda y si encima, me convertía y abandonaba mi cristianismo mediocre, pues mejor que mejor. Había que ponerse a tiro. Esa tarde, no logré cumplir ninguno de mis objetivos, aunque en todo momento me sentí embriagada por una paz interior que me consolaba y justificaba.

A la hora de la cena, llegó el primer impacto. Uno de los sacerdotes que nos acompañaban nos contó que habían estado en casa de una de las videntes mientras tenía una aparición. No me lo tomé en serio. Siendo sincera, no me creí nada de lo que describió (y no porque el cura fuera poco fiable). Yo, en mi mundo de Yupi, del brillibrilli, flores y mariposas en el que me hallaba, me limité a asentir y sonreír, porque hay muchas creencias respetables en esta vida.

A la mañana siguiente, nuestra traductora y guía, Maya, nos condujo a algunos puntos de Medjugorje y nos explicó la historia desde el principio, dándonos a conocer a sus personajes más destacables. Fue interesante, sin duda. Esa mañana también tuvimos el testimonio de uno de los videntes en la explanada. Nos insistió en que María pedía que rezáramos por las familias, en familia; que rezáramos por la Paz. Me pareció guay, pero nada nuevo. No sé lo que esperaba. Mea culpa. Al finalizar, nos indicó que esa noche María se le iba a aparecer en el monte. 

A ver, es que después de dos años, me suena muy raro, pero realmente quería creer que algo extraordinario iba a sucederme. Y si lo examino con ojos de gratitud, así fue.

A la tarde, más o menos, siempre fue lo mismo. A las 17h, Rosario, a las 18h Santa Misa y a las 19h bendición de objetos sagrados. Hasta que ¡por fin! llegó la noche. Apenas pudimos subir al monte por la cantidad de peregrin@s que se acumulaban en la zona. Hubo gente que empezó a decir que las nubes tenían forma de ángeles y que la luna estaba especialmente grande. Admito que tuve malos pensamientos en ese momento. Me dio rabia que se intentara encontrar signos del Cielo en tonterías. Juzgué que había mucha gente centrándose en lo extravagante y no en María. Pero en cierto modo, yo también lo hacía. Me arrodillé en la tierra y recé.

Reconozco que el tema de las apariciones no me dice nada. No es que crea o no crea, sino que pienso que -de ser ciertas- son revelaciones particulares en momentos puntuales de la historia. Jesús es la Palabra de Dios revelada. Encarnada. Y bastante es. Se peregrina para profesar la fe, como acción de gracias, por una promesa o simplemente como una experiencia de compartir con otras personas. Esto lo digo ahora, porque en aquella ocasión, intentaba comprar a María.

Podlbrdo
Al día siguiente, subimos al Monte de las Apariciones (Podbrdo). Creo que fue un milagro que no tropezara, cayera y me rompiese una pierna. Eso sí, mientras el resto de la humanidad parecía que había estado paseando entre nubes, yo acabé embarrada hasta las cejas. Cuando vi aquellas piedras, aquella subida... pensé “Aquí me mato”. Pero claro, subían desde personas mayores, personas descalzas o con sandalias... hasta niñ@s. Pues a callar e intentarlo, que no se diga de una chicarrona del norte. 

Al llegar a la imagen de María, confieso que apenas pude concentrarme en hacer oración porque comenzó a jarreay el barro se convirtió en fango y las puntiagudas rocas, en los mejores toboganes para deslizarse y romperse la crisma. ¿Cómo debería haberlo vivido? ¿Con qué actitud? No lo sé. Lo que está claro es que estuve más preocupada por sobrevivir que en otra cosa. Bien es cierto que traía de casa una petición muy concreta, por un familiar enfermo y lo único que hacía, cuando tenía oportunidad, era repetirla en mi cabeza una y otra vez.
Castillo de Medjugorje

Antes de la comida, nos acercamos al castillo que un señor adinerado había construido para hospedar a sacerdotes. Muy bien, muy bonito. Nada que añadir. 

A la tarde, fuimos a visitar la Comunidad Cenáculo, la fraternidad de los chicos. La Comunidad es un lugar donde, según se cuenta, personas con adicciones se recuperan gracias al trabajo, la oración y la amistad, dentro de unas normas y un horario severamente estricto. Fue fundada por Madre Elvira en los años 80 y actualmente hay varias casas, sobre todo por Europa. En ese momento, su testimonio fue lo que más me gustó de la peregrinación, sin embargo, a finales de ese mismo año fui a Francia a tener una experiencia en la "fraternidad" de las chicas y, según mi criterio, ese tipo de comunidades son sectarias y anulan completamente la voluntad y la libertad de las personas. Sé que han "ayudado" a gente a salir de la droga, pero ¿a qué precio?

El Domingo comenzó bien. Ante la ausencia de buen clima y los amenazantes nubarrones, cambiamos los planes de subir al Krizevac, otro monte mucho más largo y difícil, donde se reza el Vía Crucis, por visitar la Aldea de la Madre, algo así como un centro de menores. Respiré aliviada. No estuvimos con niñ@s, sólo se nos explico la historia de la Aldea y se nos permitió celebrar la Eucaristía en una capilla con un icono simple y bonito. A la tarde, tuvimos la charla de una monja llamada Sor Vicky en su convento, pero la verdad es que no me enteré de nada. No recuerdo nada de ese día, entre el cansancio y el cabreo que llevaba encima por tantas cosas que estaba escuchando. Cuando se unen fanatismo, proselitismo y tradición se crea una bomba, en serio. Sólo me vienen a la mente detallicos de las personas que me rodeaban, pero nada para poder explicar al público general sobre Medjugorje.

Una noche tuvimos adoración del Santísimo. Como no cabíamos dentro de la parroquia, tuvimos que conformarnos con sentarnos fuera, en el suelo, frente a una pantalla y orar con la ayuda de las canciones de Medjugorje. Prefería mil veces estar allí que dentro, sintiendo el frío, la brisa, las gotas de lluvia... Permanecer en un lugar abierto, "en medio de la naturaleza", favorece la meditación más que un espacio cerrado y apretujada por la multitud. Fue el mejor momento de la peregrinación. Donde está Jesús Sacramentado siempre hay Verdad y Paz. Y saber que Él seguía siendo el mismo que yo conocía antes de viajar, me confortaba hasta límites insospechados. Mientras escribo, soy consciente de lo idiota que soy en ocasiones, buscando en experiencias que rompan la rutina, las respuestas y la fuerza para continuar que sólo encontraré delante del Sagrario.

Podría hablar de otras cosas, de otras charlas y testimonios que recibimos... pero no consigo revivirlas desde el lado positivo y no me gusta que resalte lo negativo porque no es lo que predominó. Recuerdo esos días con más cariño del que quisiera admitir, aunque no sepa del todo por qué. Veo las fotos y lloro. Disfruté un montón del trato con las personas del grupo, aunque discrepase de sus puntos de vista. Disfruté de la estima de las dos niñas más rebonicas del planeta. Disfruté de lo políticamente incorrecto por parte de las personas más inesperadas. Disfruté de la libertad de ser yo misma y del respeto mutuo. Disfruté de la capacidad de mantener la calma frente a la captación y las palabras/acciones con doble filo. Disfruté de las conversaciones con mi compañera de cuarto antes de dormir, que remediaban el insomnio. Disfruté de conocer lugares distintos y de abrirme a la novedad. Disfrute de la gran ternura que encierran los gestos sencillos y de las sonrisas de tantas personas que me robaron el corazón. Y ése es el gran regalo que me hizo María durante aquellos días. Porque aunque el tiempo y la distancia hayan ocultado la emoción, el sentimiento no vale nada cuando sabes que hay Alguien que te mantiene unida a todo el mundo que has querido de verdad, alguna vez en la vida.


"Lo que una vez disfrutamos, nunca lo perdemos. Todo lo que amamos profundamente se convierte en parte de nosotr@s mism@s" - Helen Keller

"No aceptéis como verdad nada que carezca de amor. Y no aceptéis como amor nada que carezca de verdad. El uno sin la otra se convierte en una mentira destructiva" - Edith Stein

jueves, 16 de abril de 2015

Hay una historia detrás de la esquina

A Germán. A Antonio.

Para algunos era el trompetista en la esquina con el 7, para otros se trataba de un artista callejero que tocaba la guitarra en el parque de la Media Luna, mientras a sus pies, las palomas recogían las migajas de una vida hecha pedazos. Unos lo tenían como el borracho que cantaba fandangos los jueves a partir de medianoche y los niños lo veían como un señor extraño con olor a tabaco y sudor, de manos negras por nunca nada recibir y con los ojos claros de tanto llorar. Lo cierto era que Dante mentía en cuanto a su identidad, pero no me importaba; ni esa ni el resto de falacias que había inventado con el fin de evadirse de su realidad, de convertirse en una persona diferente a la que había sido durante toda su vida. Una vida que no le había dado segundas oportunidades para cambiar.

Había algo en su mirada que no podía describir con palabras. Una luz que penetraba en mi alma iluminando mi interior oscuro y maldito. Él me miraba y me hacía mejor persona. Me fascinaba su modo de sobrevivir a la soledad y a un mundo cada vez más ciego y sordo. Su risa, tan escasa, era el mayor regalo. Bastaba detenerse un instante para intuir que tras esa sonrisa melancólica, su ropa no era lo único que revelaba remiendos.

Y, aunque él lo ignorase, tenía tanto para dar...

Dicen que está loco porque ahora vive de sueños
Siempre perdido en su soledad
mujeres y amigos le abandonaron
con su guitarra busca la verdad
sólo ella sabe cuánto ha sangrado

(La Fuga)

jueves, 12 de marzo de 2015

De Graná... a pedacitos

* A Ángel, Luis, Esperanza, Manolo, Limón, Patxi, Miguel, Aristo, José Manuel, Mostapha, Ricardo, Pilar, Jorge... y tantas personas más.

“Quizás no importe el sitio, eso está de más” (Love of lesbian)

A veces, medio en sueños medio despierta, vuelvo a recorrer esas calles y confío en que esa parte de mí escapase con la última brisa de primavera mientras paseaba por la Avenida de la Constitución aquel día de Junio, cuando tras despedidas agridulces, tenía la intuición de que el corazón ya no me pertenecía y que saldría disparado de mi pecho hacia cualquier lugar. Y así fue, al menos, en parte. 
Avenida de la Constitución (al fondo, Sierra Nevada)
Esa parte de mí, quizás, pidió permiso a la Virgen que preside los jardines del Triunfo y se elevó hasta Sierra Nevada, hasta la cima del Mulhacén, donde Dios sólo tuvo que agacharse unos metros para recogerla en su abrazo. O tal vez no fue así. 
Mirador de San Nicolás (barrio del Albaycín)

Tal vez, le gustaron tanto los atardeceres en el Albaycín, mientras la suave melodía de una guitarra flamenca rozaba el ambiente con un arte mágico y gitano, que se quedó allí, hechizada, contemplando la Alhambra y las casitas de pintura y cal bañadas por los reflejos rojizos y dorados del sol. Visión celestial como pocas... Puede ser

O que al descender a Plaza Nueva, la eclipsaran los espectáculos callejeros y la música de grupos como Elsa Bhör.

O también puede que, la mirada del muchacho que olía a tabaco, sudor y vino barato captara su atención aquella noche de Noviembre en la Plaza de Gran Capitán. Me gusta pensar que fue así. Que aunque nunca más me reencontré con esa mirada auténtica que aun añoro, una parte de mí está con él, viéndole resurgir de sus propias cenizas hacia la luz, siendo así satisfecho el mayor de mis deseos.

Sin embargo, es posible que, esa parte de mí eligiera un lugar donde todo el mundo es bien acogido. Un oasis situado en una de las calles que cruzan Puentezuelas y que tantas veces atravesé. La calle Paz. En un pequeño monasterio donde ángeles de azul dan hospedaje a quienes, cansad@s de la frialdad de la ciudad, buscan una oportunidad para serenarse y mirar al cielo. Es posible que, si algún día vuelvo por allí, las Hermanitas del Cordero sigan cuidando de... de esa pequeña parte de mí.

Alcaicería
Quizás, ese trocito de mí, deambule por los alrededores del Comedor Social de San Juan de Dios, mezclándose con esas personas sin nombre ni rostro y con el corazón tan herido que sólo quisieran dejar de sentirlo. 

¿Y si se fusionó con el exótico aroma a especias que invadía la zona de la Catedral? ¿Y si se perdió entre las enigmáticas músicas árabes expiradas por teterías, cuevas del Sacromonte y por los puestos de la Alcaicería, invitando a l@s más valientes- o a l@s más insensat@s- a adentrarse en una cultura donde fantasía y realidad se difuminan... como en la historia de Aladino y la lámpara maravillosa?

No lo sé. Todo es posible en los cuentos y hasta aquí, todo ha sido un cuento.

En el fondo, tengo la certeza, de que esa parte de mí no escapó, ni voló, ni eligió quedarse en un lugar determinado. Sé, que esa parte de mí, nunca me será devuelta. En realidad, me la robaron y para cuando me di cuenta, estaba tan fragmentada que fue imposible recuperarla. A cambio, l@s ladron@s, me dieron pedacitos de su corazón, que sirvieron para reconstruir el mío con el cemento del amor sincero y simple. 

Todavía hoy, de vez en cuando, se suelta un punto que une las costuras y sangra por dentro. Todavía hoy, duele un poco, quema... pero me ayuda a recordar que siguen ahí, que no fue sólo sentimiento, vano y superficial; que su esencia está presente en lo más profundo de mí misma. 

Lo que es@s ladron@s ignoran es que salí ganando con el trueque. Soy una privilegiada, porque ell@s me acompañan en el hatillo del alma, que nunca se llena del todo y en el que siempre queda espacio para alguien más. =)

"Lo que nos es querido siempre queda atrás..." (Nino Bravo)


Calle San Jerónimo
Tierra mora hasta la eternidad; 
olivares, el jardín de Alá; 
son murallas a tu alrededor 
y en la Alhambra se oye una oración.

Tan lejos de ti que tengo

que echarte de menos... 

Granada, tu brisa mezclada en aromas de campo provoca mi sonrisa y recuerdos de un tiempo añorado. 

Aún me pierdo en la imaginación,

pero muero por volver allí y sentarme para 
contemplar un ocaso desde el Albaycín.

Como García Lorca, loco enamorado que esa tierra vio  morir. 


Granada, tu brisa de mar, río, sol y montaña, 

dejó abierta una herida de buenos momentos que empañan 
mis ojos, al darme cuenta que sigo pensando en Granada. - La caja de Pandora

Día de la Cruz (3 de mayo)

lunes, 9 de febrero de 2015

Entre el encuentro y la ausencia

A Sergio

Él. Siempre es él. Se asoma a mis pensamientos de puntillas. Sin hacer ruido. Y de pronto su presencia me asusta, incluso me avergüenza. Pero creo que me estoy acostumbrando.

Sólo le he visto una vez. Pero su mirada fue tan auténtica que bastó para que piense en él todos los días, a cada rato. La autenticidad ha pasado de moda y cuando la reconoces en una sonrisa sincera, ya no quieres separarte de ella.

En el autobús busco un rostro similar; entre la gente, un gesto parecido. Camino por las calles intentando hallar entre el deambular de personas sin nombre esa mirada que me proteja del olvido. Pero no la encuentro y es entonces cuando me desespero y mi deseo vuela hasta fusionarse con su recuerdo. Esa mirada oscura, brillante. Mirada humana.
"Me da miedo la enormidad, donde nadie oye mi voz"
Habitaba en las calles, su mundo entre botellas y cartones, envenenado de angustia. En compañía de la soledad y una gratitud eterna, paradógica, reflejada en sus pupilas. Alma de poeta y cuerpo herido de frío y realidad. Sueños de alquitrán. Un buscador, al igual que yo. Una presencia maldita para una civilización en ruinas. Una existencia entre sombras que aquel día iluminó la mía.

El corazón va perdiendo su color conforme pasa el tiempo sin saber de él. Como si fuera derramando gotitas de ilusión ante tanta sinrazón. Pero no pierdo la esperanza. Así tenga que remover cielo y tierra para volver a verle... y cuando lo haga, tengo claro que le daré el abrazo más grande y fuerte, poniendo todo el cariño, toda la ternura... hasta que me pueda perdonar.

Sólo deseo que hasta que llegue ese momento, él esté bien. Que la felicidad, aunque sea a pequeños sorbitos, haya llegado a su vida. Que no esté tan triste como cuando le conocí. Que no haya perdido las ganas de vivir. Que no haya perdido las ganas de luchar. Que no haya perdido la capacidad de amar por no sentirse amado. Que sepa, que en cierto rincón del planeta hay una persona, que de una manera desconocida y oculta, piensa en él. Que le quiere, aunque parezca imposible, sin conocerle.


Oí decir que lo volvieron a ver paseando sin rumbo por parques y plazas y que sonrió cuando le llamaron por su nombre. Me contaron que en aquella ocasión, el monstruo que le perseguía por el laberinto de su mente estaba descansando y, que al menos por un tiempo, no fue prisionero de su embrujo. Escuché que después se marchó, envuelto en ese halo de melancolía y que nada más se supo de él. Tal vez, se acordó del camino de vuelta a casa. Tal vez, todavía ande indagando. 

Y yo sé que volveremos a encontrarnos.


PALABRAS DE UN DESHEREDADO
"Cuando te ves solo, en la calle... te vienes abajo, pero si tienes suerte, un poquito de suerte, y no te atrapa un poco la calle por otro camino que, a lo mejor no te conviene, tema de drogas, tema de alcohol... te mantienes lo más cuerdo posible... tienes suerte, pues... te subes tú mismo ¿no? No te creas que somos tan débiles. Uno mismo se da cuenta de que es fuerte, luego, al final. Más fuerte de lo que nunca llegaste a pensar”. (Granada, 2012)

domingo, 11 de enero de 2015

El secreto de la mañana

Hoy he conocido la magia de mi ciudad. Veinte años viviendo en ella y apenas había intuido el secreto que encierra.

¿Alguna vez habéis paseado a primera hora de la mañana descubriendo los entresijos y laberintos de aceras y alfalto? Es entonces, -la ciudad despierta- cuando muestra en todo su esplendor los misterios desconocidos por los dormidos. Sus calles desiertas huelen a frío, a brisa... a los pasos recorridos por campesinos y señores a lo largo de la historia, a los besos prohibidos en lúgubres esquinas. Antes de que los comercios levanten sus persianas, la soledad te coge de la mano y te empuja por callejones oscuros con toques hippilonguis y ambientes especiados.

Hoy, el Rincón del Caballo Blanco era un espejismo de sol y silencio, apenas perturbado por paseantes de perros. Desde allí arriba he podido contemplar sin prisas toda la ciudad amurallada. A lo lejos, un ejército de amenazantes nubes negras enviaba ese aliento mensajero de sombrías intenciones a los árboles inquietos. Los montes de los alrededores parecían querer huir de la tormenta sin éxito. Humo y roca quedaban fusionados en una única frontera, en el límite que une cielo y tierra.

Después, mis pasos me condujeron hasta la Catedral, en un alto, presidiendo la capital norteña. Calles que bajan a lo mundano, empapadas por los primeros servicios municipales. Carteles y símbolos independentistas en los balcones que son parte de la cultura popular, me acompañaron en el descenso.

Al llegar al llano empedrado, personas con vidas estresadas salían a la calle hacia destinos desconocidos. Un muchacho de mirada melancólica y sonrisa oxidada, tocaba el acordeón, inundando con el aroma de la música la atmósfera muda. 

La ciudad, al alba, muestra su verdadera cara, no contaminada por el gentío ni el bullicio.

Hoy, Pamplona me ha contado secretos que esconde a media mañana y disfraza por las noches... de luces y sombras.