viernes, 16 de febrero de 2018

La mujer del ático

A Esperanza.

La mujer del ático era una de esas personas extraordinarias que nacen una vez cada quinientos años y que parece imposible que existan en este mundo de humo y ceniza. Pero si tienes la fortuna y el privilegio de toparte con ella, estás en el deber de agradecerlo y, por tanto, de contarlo.

La conocía desde hace más de diez años, cuando me mudé al diminuto piso debajo del suyo. Todos los vecinos eran personajes peculiares, acostumbrados a lidiar con la soledad, entre quienes me sentí una más y a los que tomé cariño enseguida. Pero aquella mujer... Aquella mujer era especial.
La abuela- como yo la llamaba- era una mujer alta, algo encorvada y enérgica. Su cabello lucía gris, corto y alborotado. Tenía los ojos de un verde esmeralda que llamaba la atención y que relampagueaban cada vez que reía. La definía su buen talante y esa sabiduría sencilla que otorgan los años. Tras una losa de carácter y genio escondía un corazón de oro. 

Me encantaba escucharla discutir sobre cualquier tema, menos sobre política. Afirmaba que las ideologías, llevadas al extremo, ya le habían robado demasiadas cosas como para que le hicieran perder saliva y tiempo en los momentos de paz.

Gustaba de acudir a exposiciones de pintura y sentía predilección por los artistas noveles. Decía que transmitían la alegría que los más expertos eran incapaces de plasmar. También asistía al teatro siempre que podía permitírselo y disfrutaba de la música, de los recitales de poesía y las tertulias literarias, de las que era asidua. 

Su casa era una biblioteca repleta de libros de toda clase e idioma, incluso podías encontrártelos en los lugares más insospechados, como el armario de las escobas o en los estantes del baño.

Cruzar el umbral de su habitación era adentrarse en un pequeño santuario. La ventana daba al patio interior, por lo que la estancia solía hallarse en penumbra, apenas iluminada por la escasa luz de la lamparita de la mesilla. Sobre el cabecero de la cama, un enorme Cristo crucificado presidía el cuarto, acompañado por un retrato a carboncillo del abuelo y una veintena de estampas de santos colocadas sobre el tocador, junto a las fotos de hijos y nietos.

La abuela había tenido siete hijos y por lo que relataba, su marido había sido el mejor hombre sobre la faz de la tierra. No obstante, su esposo no era el único al que la mujer del ático mencionaba con tanto amor como admiración. Antes de casarse, había conocido a un joven algunos años mayor que ella, dueño de una librería de viejo llamada "La flor", heredada de sus tíos, los cuales habían emigrado a América en busca de mejor vida.

A aquel joven y a ella les apasionaba el arte y no tardaron en hacerse amigos, compartir sus novelas predilectas o ir al cine para luego debatir los puntos fuertes y débiles de las películas.

Finalmente, durante la guerra, el joven tuvo que exiliarse y llevarse consigo todos los libros prohibidos que pudo. Jamás volvieron a verse, pero desde entonces, cada tres meses, la abuela recibía un libro entre cuyas páginas siempre descubría una flor seca, como única firma de su remitente.

Yo, no sin cierta picardía, intentaba tirarle de la lengua para que me contase algo más. Ella lo percibía y se deshacía en elogios hacia el padre de sus hijos mientras perjuraba que con el librero sólo tuvo una bonita amistad. Sin embargo, creo que la abuela comenzó a envejecer el día que él se marchó.

Durante los últimos años, la abuela casi no salía de casa, pasaba el rato en la sala de estar, bordando, escuchando la radio y rezando un rosario de mil cuentas. 

Se iba marchitando día a día y ella era consciente de su deterioro, pero decía que con ello se le regalaba la oportunidad de vivir y amar la pobreza en su propio cuerpo. Sabía que le quedaba poco tiempo, pero no le daba miedo. Afrontaba la situación con una entereza que me desbordaba. "En toda realidad hay poesía. Aprenda a observarla", me enseñaba.

Muchas veces me pedía que le leyera una de esas novelas que se sabía de memoria. Sospechaba que lo hacía para que la dejase a solas con sus pensamientos, porque cada vez que levantaba la vista, la sorprendía con la mirada perdida en las gotas de lluvia que lamían el cristal o en el sol que sellaba la ventana de luz cálida. Todos los recuerdos parecían pasar ante sus ojos en un instante.

A los meses de fallecer, vi a un anciano de largas barbas blancas frente a la lápida de la abuela. Permanecí en silencio a varios metros para no molestar. Antes de irse, colocó un objeto sobre la tumba. Cuando me acerqué y advertí lo qué allí había abandonado, adiviné quién era aquel desconocido. 

Un libro y una rosa como último homenaje terrenal a una amistad eterna.

Lo que nunca supimos fue que el responsable de esos regalos creados de magia, tinta y papel, además era -bajo seudónimo- su autor. Su musa le sonreía ahora desde el Cielo.

"Cada libro, cada tomo que ves, tiene alma. El alma de quién lo escribió, y el alma de quiénes lo leyeron y vivieron y soñaron con él."
"Los libros son espejos: sólo se ve en ellos lo que uno ya lleva dentro.
"
- Carlos Ruiz Zafón 
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lunes, 1 de enero de 2018

Es tiempo de esperanza

En este 2017 he aprendido mucho. Por eso, al 2018 le exijo que sea mejor y mucho más.

Exijo que en 2018, se cambien las leyes que impiden a las personas migrantes vivir con dignidad. Que se derriben fronteras y se creen organismos que regulen y coordinen las políticas internacionales, para que las personas no tengan que abandonar sus hogares y a sus familias por causas relacionadas con la pobreza o la guerra. Que exista un compromiso real por parte de todos los países para mirar por el bien común y derribar los imperios y a sus dictadores. Que nos levantemos contra la corrupción y la aplastemos. Que los estados sean garantes de los derechos humanos. Que continúe la ayuda humanitaria en las zonas que han sufrido catástrofes naturales en los últimos años: Perú, México, Colombia, Ecuador, Bangladesh, Indonesia, Irán, Sri Lanka, Nepal, Haití... Que todas las personas podamos practicar libremente nuestras creencias y que éstas nunca sean excusa para crear oscuridad y terror. Soy Barcelona, soy Cambrils. Soy Somalia, Irak, Egipto, Afganistán, Mali, Chad, Nigeria, Congo, Filipinas, Yemen, India, Pakistán, Burkina Faso...
El sufrimiento del otro constituye un llamado a la conversión, porque la necesidad del hermano
me recuerda la fragilidad de mi vida, mi dependencia de Dios y de los hermanos
” (Papa Francisco)
Que se cierren los CIEs y se trate a las personas con respeto como es su derecho. No más muertes en el mar ni en las vallas de Ceuta y Melilla. No más víctimas del tren de la Bestia. Acabar con la mafia y el negocio de las pateras. Pido una mayor acogida de personas refugiadas, tal y como se acordó. Queremos recibir a nuestros/as hermanos/as de Venezuela, Siria, Libia, Senegal y de tantos otros países en conflicto. Pido una menor burocratización para poder ayudar a personas en riesgo de exclusión. La sociedad necesita ayuda para borrar prejuicios y temores, por lo que reclamo una mayor labor socioeducativa: en las calles, en las escuelas, en los barrios y en los lugares de trabajo.

Exijo mayor inversión en la creación de empleo, políticas centradas en la incorporación sociolaboral y en la autonomía de las personas; no conformes con la concesión de ayudas económicas que sólo sirven para subsistir, pero no promueven el desarrollo humano. Si abandonamos a la gente, luego no esperemos que sean personas luchadoras, activas, felices. 

Al 2018 y a las sociedades les exijo igualdad, sobre todo en cuestión de género. Erradicar la violencia machista de toda clase, los chistes sobre violar mujeres y comentarios que propagan estereotipos. Que se haga justicia con maltratadores, violadores y asesinos. Que se deje de culpabilizar a las víctimas y a sus familias (¡bienvenidos al 2018, medios de comunicación!). Que un maltratador nunca será un buen padre. Que se dejen de reproducir los roles de género tanto en el ámbito privado como público. Concienciar y sensibilizar a la población de que la prostitución es la esclavitud del siglo XXI y dar información, dar voz a esas mujeres, apoyarles para que no tengan miedo a hablar ni a salir de la calle y de los pubs.  Que se detenga al chulo y se multe al putero. Basta ya de ser indiferentes al sufrimiento, de aprovecharse, de usar a las personas para beneficio propio. Que las mujeres dejemos de ser objetos, que dejemos de intentar ser perfectas, que dejemos de sentirnos obligadas a hacer las cosas por amor.

Crear políticas que favorezcan la igual responsabilidad de ambos progenitores tras una separación con hijos/as de por medio, que sostengan a las familias monomarentales hasta que los/as menores cumplan la mayoría de edad y tengan suficientes recursos para ser independientes. Más respeto y apertura para todas las personas sean del género que sean y de la orientación sexual que prefieran. Solicito más educación, más formación en todos los sectores.

Exijo al Estado una mayor gasto en infancia, no más derechos a cambio de votos. Las/os niñas/os no son votantes, pero son el futuro. Que los adultos se graduen las gafas de infancia y se garantice que tod@s l@s menores contarán con las mismas oportunidades. Que tendrán lugares seguros para jugar, alimento todos los días y calefacción en invierno. Que no estarán expuestos a situaciones violentas y si por diversas circunstancias las padecieran, protección y matenerles en su entorno siempre que se pueda. Que en los colegio o institutos se tendrán en cuenta sus circunstancias y no únicamente unos números al final del trimestre. Que el personal docente estará cualificado para atender casos de riesgo o se contará con profesionales del ámbito social para resolver situaciones de conflicto. Menos cortoplacismo político y más humanidad.

La misericordia a la cual somos llamados abraza a toda la creación, que Dios nos ha
confiado para ser cuidadores y no explotadores, o peor todavía, destructores
” (Papa Francisco)
Exijo que se eliminen los gastos en armamento, que quede prohibida la venta de armas a cualquier nivel y en todas las partes del planeta. Exijo, porque es nuestro derecho, mejor calidad en la sanidad, en la educación y en el área social. Que bajen los precios de las viviendas, tanto de alquiler como de compra, que se ponga límites a la construcción constante de edificios. Mucha gente sin casa y mucha casa sin gente.

Para las personas mayores reclamo un aumento de las pensiones, que el sistema para la dependencia se haga real y efectivo y que las residencias sean recursos a favor de las personas, no de las empresas que se enriquecen a costa de la fragilidad de los/as ancianos/as. Que se creen más servicios para el cuidado de personas enfermas o con discapacidad.

Al 2018 le pido que seamos sensibles a las personas que viven en las calles, que duermen en las aceras y mendigan en las puertas de las iglesias. Le pido una sonrisa a tiempo o un tiempo de conversación. Una mirada que les haga visibles. Un saludo que les reconozca personas. Le pido una caricia o un abrazo para esos ángeles hundidos en un pozo sin fondo, en ocasiones amarrados por las cadenas de la mente o la droga. Insto a que se les tienda una mano amiga, que les acoja sin preguntas. Para ellos, exijo un mayor gasto en materia social, más medios, mayor acompañamiento (sobre todo al salir de los hospitales) y ayudas económicas para que puedan acceder a una habitación, al menos. 

Que se cambie la normativa que permite manifestaciones artísticas en la vía pública, que se elimine tanta restricción y represión a las/os artistas callejeros/as. Que se valore su esfuerzo, su dedicación y la alegría con la que visten las ciudades con su música, su baile, teatro y otras perfomances. En 2018, deseo más espectáculo urbano.

Protesto contra la tortura animal, contra el fomento y la normalización de la muerte lenta y dolorosa de seres vivos como arte. Exijo una mayor protección de todos los seres. No a la pirotecnia en ciudades o pueblos. Un mayor rigor ante las denuncias por maltrato animal y penas mayores. Que se descosifique a los animales domésticos y a los no domésticos también. Que se realicen campañas contra el abandono animal, se promueva la adopción frente a la compra y se regule la cría indiscriminada para la venta. También los bosques claman auxilio ante la quema y la tala sin control, después de un 2017 negro para nuestro paisajes. Y no me olvido del mar y de lo cochinos/as que podemos llegar a ser.

Al 2018 le pido salud y reencuentros con personas queridas. Más abrazos largos y "apretaos". Buenos conciertos y algún viaje inolvidable. Le pido grandes cambios sociales. Diálogo, respeto y buenos pensamientos. Le pido más valor para el cuidado mutuo y permanecer en las situaciones difíciles. Más demostraciones de vulnerabilidad. Más inocencia, cuentos, magia, narices de payaso y colorines para los días grises. Menos selfies, más verdad. Le pido más paz, convivir sin violencia ni discursos de odio (racismo, machismo, xenofobia, transfobia, homofobia, aporofobia, gordofobia, cristianofobia, islamofobia, etc.) en las redes sociales, en las calles, en las asambleas... Que no nos impongan ideas ni azules, ni rojas, ni moradas, que nos esforcemos por pensar de manera autónoma, que no nos resbale lo que sucede alrededor y que podamos vivir en fraterna libertad, sin miedo ni mordazas.

Y ahora ya me podéis decir que vivo en los mundos de Yupi. Pero no, no soy ajena a las dificultades y a los problemas. Que en 2018, nos animemos a seguir cambiando el mundo. Es un reto.

A nivel personal, al 2018 le pido otras cosas.
Como hija, le pido paciencia.
Como hermana, buen humor.
Como nieta, ternura y coraje.
Como amiga, tolerancia.
Como compañera, confianza.
Como trabajadora social, empatía y honestidad.
Como creyente, humildad y alegría.
Como mujer, rabia y desobediencia; empoderamiento y sororidad. Además de permitir que, de vez en cuando, lo cursi también forme parte de mi vida.
Como persona, autenticidad -para ser más yo, más políticamente incorrecta- y una pizca de mala follá que siempre me identifica.

“Cuando el canto de los ángeles se acalla,
cuando la estrella desaparece,
cuando los reyes emprenden el regreso,
cuando los pastores vuelven a sus rebaños,
es entonces cuando la obra de la Navidad comienza:
buscar al perdido,
sanar al herido,
alimentar al hambriento,
liberar al esclavo,
reconstruir la comunidad,
reestablecer la paz,
hacer música en el corazón”.
- Howard Thurman

martes, 12 de diciembre de 2017

De cuevanos y otros ciudadanos de las aceras

"Dicen que fue en este valle,
el lugar del Paraíso
y que Eva por aquí andaba
con Adán buscando un piso.
Y al no encontrar vivienda,
ni protección oficial,
una cueva en estos montes
se pusieron a excavar.
Ha llegado hasta nosotros
lo que Adán le dijo a Eva:
'Teniendo cueva y contigo
qué me importa a mí que llueva"
                                                                              a. lombardo

Este puente de diciembre ha traído consigo un regalo muy especial por el cual me siento tremendamente agradecida. He pasado una semana en Granada con una comunidad religiosa llamada Hermanitas/os del Cordero, que conocí cuando estudié mi último año de carrera allí. La comunidad se dedica a la oración, pero también se abre a la misión, para ofrecer amistad y acogida a quien la necesite y acepte, especialmente a tantas personas que habitan las periferias de la ciudad. Su lema es "Heridas, no dejaremos jamás de amar" y su carisma se traduce en ser luz en la noche del mundo.

La pobreza contenida entre las cuatro paredes del pequeño monasterio es difícil de llevar y aún más complicada de amar al principio, pero poco a poco te acostumbras al frío y a otras incomodidades. Creo que nunca había echado tanto de menos una ducha, un colchón y una buena calefacción. Sin embargo, esta ausencia de confort es una llamada apremiante a la sencillez y te invita a ponerte en el lugar de tantas personas que duermen en las calles o buscan refugio en las cuevas granadinas. L@s cuevan@s no tienen electricidad ni agua corriente, salvo quienes poseen el lujo de un cueva acondicionada como vivienda. 

Durante estos días, hemos compartido momentos y alimento con todo tipo de personas, de todo origen, creencia y condición. Ha sido una experiencia ensanchante y de enorme riqueza cultural: la convivencia, la unidad en la diversidad, la tolerancia, la alegría, el cuidado, tanta verdad y libertad... La esperanza se hace presente en esos instantes. ES POSIBLE. Es posible cohabitar, cooperar, amar al diferente. Es posible la sintonía, estar en armonía, de corazón a corazón. Porque hay lenguajes que, como la música, son universales.

La gente bonita, más allá del aspecto físico, tiene una mirada llena de bondad, una autenticidad que inspira, una nobleza que atrapa y una inocencia que desborda, de la que ni siquiera son conscientes. La gratitud me inunda. Gracias a las/os hermanitas/os y a esa gente he descubierto que existe una vida en total coherencia con quien soy realmente. Gracias por tantos instantes fraternos: en el Huerto de Carlos, el Mirador de San Nicolás, los jardines del Triunfo, etc. Gracias, gracias, gracias.

Granada es una ciudad preciosa como pocas, bien lo saben l@s turistas que la recorren en todas las épocas del año. Lo que casi siempre ignoran es que lo más bello de la ciudad se encuentra escondido bajo tierra en agujeros en la roca y cerquita del suelo, donde a menudo pasa desapercibido.

El primer impacto fue y es inolvidable y la impresión permanece en mí como un sello en el alma.
Escribí sobre esa experiencia aquí.


A Sergio, otra vez.

* He modificado los nombres de las personas que aparecen.

Seis años más tarde desde que te conocí en la plazoleta de Gran Capitán, he vuelto a Granada. Regresar siempre significa buscarte y, aunque ya no estés, te sigo reencontrando en otros rostros.

En Borja.
Un gaditano nacido en Francia que ante un cúmulo de circunstancias adversas, se refugia en una cueva en el Barranco de los Naranjos. Veo en él tu misma mirada triste, igualmente auténtica. Y rezo por lo mismo: que no caiga en la desesperación.

En Gerardo.
Creador de la cueva social donde acoge a Borja, a dos veinteañeras hippies y a todo aquel que no tenga donde refugiarse frente a la ola de frío siberiano. En él, reconozco tu búsqueda de plenitud y tu generosidad. A veces, temo que todo eso sea devorado por el monstruo de la droga que arrasa con lo que pilla en aquella zona.

En Bettina y en Samantha.
De Alemania y Austria, respectivamente. Cuevanas por el tiempo que dure su estancia en Granada. En ellas, estás en sus deseos de libertad y de paz. Samantha lo dejó todo en su país para iniciar un proceso de aprendizaje para la creación de una Ecoaldea. Pudimos acompañarla a un pueblito de Granada (Pinos Puente, creo) donde se desarrolla una idea similar y quedó encantada. Bettina me recuerda a ti por su apertura mental y sensibilidad por la música. Ella toca el djembe y tú, la flauta. No sé si practicaban alguna religión, pero Bettina era muy espiritual y asistió a la mayoría de las oraciones, incluso aguantó como una jabata una vigilia de cuatro horas y como se hizo tarde, se quedó a dormir entre nosotras. Moló mucho.

En Afon.
Cuevano de San Miguel Alto desde hace cuatro años, viviendo una filosofía unida a la música, que a su vez, combina con lo natural y la Madre Tierra. Afon, al igual que tú, es un espíritu inquieto. No se detiene y, aunque es originario de Gales, ha viajado por medio mundo. La simplicidad de su persona eclipsó al sol aquel día cuando lo conocimos en el Cerro. Le ofrecimos comer con nosotr@s y allí que se quedó, sentado en la tierra con vistas a Sierra Nevada, compartiendo un rato y transpasándonos el corazón.

¡Y cómo no mencionar a José, el cuevano!
También del Cerro de San Miguel. Tú estás en su amabilidad y en su acogida sin intereses. Nos habíamos perdido en la subida y l@s habitantes de las cuevas nos indicaban que siguiéramos ascendiendo por esos empinados caminos de barro. Eran las tres y media del mediodía, el sol pegaba fuerte y nosotr@s sin comer, cargad@s con mochilas, abrigos y bufandas en los brazos. Y apareció él. Un ángel desgarbado.
José, agnóstico desde los trece. Al inicio, se mostró distante, pero no juzgó nuestra variopinta comitiva y se ofreció a guiarnos. Catalán, de rostro demacrado y piernas delgaduchas, pero fuertes, de subir y bajar por las cuestas del Albayzín y Sacromonte. Su cueva, un agujero que ha cubierto con maderas y telas raídas. Al final, se abrió a la confianza y nos contó cosas de su familia, incluso aceptó que su madre desde el cielo, sonreiría al verle con monjitas.
Fue José quien nos condujo hasta Benjamín, un amigo de la comunidad del que hacía tiempo que no se tenían noticias.

En Benjamín estás de manera doliente, despiadada y enferma.
Benjamín tiene en los ojos el cielo despejado que se difumina sobre la Alhambra en los días soleados. Sus manos están negras y su cueva vacía. Por alguna razón desconocida e irracional, ha cambiado la caverna por las aceras. Y pasa noche y día bajo los porches de unos locales del Ayuntamiento en Plaza Aliatar. Con su brick de vino y unas cuantas mantas para resguardarse del frío. Entre bromas y comentarios varios, en un momento de lucidez, nos explica que espera a la muerte.

No soy capaz de hallar consuelo ante esta situación. Benjamín vive una noche perpetua, no obstante, sabe -si su mente le da un respiro- que si desciende por las calles hasta el centro de la ciudad, va a encontrar una mesa abierta, cariño, un trato digno de igual a igual y un lugar para la esperanza.

En Jerónimo.
Estás en su arte y en su forma de hablar espontánea, sin filtros. Una aspirina para el alma. Jerónimo reside en una cueva cerca de la Fuente del Avellano. Allí lo conocimos la mañana heladora que fuimos a "podar" algunos árboles porque necesitábamos las ramas. Días después, recibimos a Jerónimo en nuestra mesa, donde compartimos unas migas y conversación.

En Perico es fácil reencontrarte con tu pureza e inocencia.
Perico vivía en el Poblado (Almanjáyar). Familia de etnia gitana. Él con una discapacidad mental. Cuentan que parecía un animalico. Uñas kilométricas, en la barba espesa quedaban restos de lo que había comido la semana anterior y no decía palabra. Por suerte, encontró el apoyo suficiente, se le soltó la lengua, se afeitó y ahora va limpio y aseado. Incluso recibe clases para recordar cómo se realizan las operaciones matemáticas básicas y algún conocimiento más. Reside en una pensión del centro con un maravilloso patio andaluz y sus tardes transcurren sumergidas en las aventuras de los dibujos animados que echan por la tele.

En Fares. 
Un aficionado al Real Madrid C.F y que, de vez en cuando, duerme en Gran Vía.
Tu sed de ternura está en él y en su emoción cuando nos detuvimos a charlar con él (lo que no supo es que lo andábamos buscando, preocupadas por su estado).

Aunque te parezca mentira, también estás en Irene con su perrico, Mariano Rajoy. Y en Jorge, un sevillano que mendiga en el Coviran de San Juan de Dios, a la espera de que le llamen del PTS para una intervención de cadera. ¡Menudo ejemplo de buen ánimo!

Y en Manolo, un gran mago callejero que, según él mismo, tiene un andar de marca blanca. ¡Hace unos trucos chulísimos!! Su sueño es cambiar la Ley de Protección de Datos, así que estad atent@s a Change.

Y en Carlos, un antiguo legionario, que ha trabajado de todo y sueña con vivir en la costa malagueña. Me contó que había tenido una experiencia en una comuna en un pueblo al norte de Navarra, cuyo nombre no me sonaba de nada. "Pero tú, ¿eres de Pamplona?" Y a mí se me quedaba cara de tonta. Pero bien.

Y en J.A que no falla y siempre acude a la mesa abierta y me comenta que tiene familia en la ribera navarra.

Y en Andrés, que está enfadado porque invitamos a cualquiera al refectorio, hasta a quienes no han trabajado en su vida y eso que Andrés tampoco lo ha hecho. Pero le queremos así, tal y como es.

En tantos amigos que no vi en esta ocasión, pero que siempre llevo conmigo: Luis, Manuel, Aristo, Ángel, Limón, Mostapha...

Tú estás en todos ellos porque son gente bonita como tú. Y toda belleza es reflejo de una belleza superior y suprema, la de un Dios que es Mendigo, que recorre una distancia infinita de abajamiento para situarse a nuestro lado, como uno más.
Aclaro: no tod@s l@s morador@s de las cuevas son personas desahuciadas. Much@s eligen ese estilo de vida.
(El artículo es de 2013)

"A mí me lo hicisteis" (Mt. 25, 40)

"Benditas las manos que vencen las barreras de la cultura, la religión y la nacionalidad
derramando el aceite del consuelo en las llagas de la humanidad.
Benditas las manos que se abren sin pedir nada a cambio,
sin 'peros' ni 'condiciones':
son manos que hacen descender sobre l@s herman@s
la bendición de Dios"
- Fragmento del mensaje del Papa Francisco para la Jornada Mundial de l@s pobres (19 de noviembre de 2017) -

GRACIAS POR SER MI ACEITE, MI CONSUELO Y MI ESPERANZA.


"Sobre la brusca tierra, así tallada,
encontraréis mi casa troglodita:
es un recodo claro que limita
con el silencio y con la madrugada"
                                                             a.l

viernes, 17 de noviembre de 2017

Tragicomedia social (aunque yo soy optimista)

¿Alguien me puede explicar el porqué del incremento de los discursos de odio? ¡Las redes arden, las familias se dividen, las amistades se disuelven, los países entran en guerra y la sociedad se afana en esclavizarse y adorar una idea como si fuera absoluta.

No sé puede querer a todo el mundo ni con toda la gente se va a compartir gustos, aficiones o ideales, pero ¿ese desprecio extremo hasta la violencia? ¿Ese deseo de aniquilar a la/s otra/s parte/s? En serio ¿no tenemos otra cosa mejor que hacer?

El odio es un sentimiento intenso y duradero, que nos embriaga porque sentimos que se nos ataca personalmente. No odiamos la maldad de una persona, odiamos a esa persona porque- para nosotr@s- es mala. Focalizamos tanto la atención en lo malo que nos impedimos ver lo bueno. El odio ciega, mientras que el amor es siempre clarividente. Sin embargo, aquello que odiamos de las demás nos descubre algo de nosotr@s que entra en conflicto y no siempre es agradable ser consciente. Por ejemplo, me cae mal alguien que siempre me deja mal en público, ¿tan importante es para mí la imagen que doy? Vale, sí, da rabia, pero ¿qué más da si yo sé quién soy?

No creo que el odio sea un sentimiento malo de por sí porque nos nace natural, lo que me preocupa es la voluntariedad con la que odiamos. Sabemos que odiamos y queremos seguir haciéndolo, llevándonos por delante a quien sea necesario. Y a veces, resulta incoherente: "Odio a las personas homófobas porque no respetan a las personas homosexuales. Vamos a odiar a l@s musulman@s porque son tod@s un@s homófob@s". Y es un ejemplo. También es verdad que hay algunos discursos de odio menos tolerados que otros y que hay sensibilidades excesivamente irascibles. Pero no empecemos a generalizar y a dejar de ver a las personas porque sólo veamos ideas, por favor.

La realidad es que existen ideas que son radicalmente negativas, es verdad y duro de asimilar en esa sociedad relativista. La tortura a cualquier ser vivo o el asesinato, son algunas de ellas. 

Hace poco me contaron que, en una entrevista a un miembro de la banda terrorista ETA que había matado a un empresario, le preguntaron si se arrepentía de haber matado a una persona y él contestó que no, porque no había asesinado a una persona, sino a un empresario. Es un ejemplo claro de cuando las ideas nos quitan visión.

"Conócete, acéptate, supérate" (S. Agustín)
Y claro, también está el argumento de la libertad de expresión. "Puedo entrar desnuda a una iglesia en medio de la misa para manifestarme porque soy libre de expresarme". No obstante, no puedes hacer lo que te venga en gana. Entiendo que la libertad de expresión es otra cosa y siempre que existe violencia, se deja en evidencia que se han traspasado los límites de la libertad individual. Sé que hay mucha gente que no piensa así, que cree que para conseguir algunas cosas es necesaria la aniquilación del otro bando y pasarse sus derechos por el forro, pero es una error. Y es que el odio se manifiesta en la falta de aceptación. Que cada cual se examine interiormente cómo le deja eso, pero no se puede exigir tolerancia si no se ofrece.

Hay mucha gente que dice estar indignada, pero lo que está es resentida. Los sentimientos son parecidos, pero mientras que la indignación va dirigida a algo y nos inclina a protestar, denunciar y a sentir compasión por las víctimas; el resentimiento se dirige a alguien y nos conduce al castigo y la venganza.

Hay un tema con el que me cuesta canalizar mi agresividad y es el de la violencia machista, la prostitución... y todo lo relacionado con la desigualdad de género. Me lo estoy trabajando, pero es difícil, sobre todo cuando estás convencida de tener la razón. Sin embargo, intento que mis ideas no supongan un mal para el resto, que promuevan cosas buenas y justas. Estoy en ello, porque a veces no se puede ser pedagógica.

Que si ser de izquierdas o ser de derechas; monarquía o república; que si creer en Dios significa ser homofóbic@; que si eres feminista no puedes ser provida o que si eres provida no puedes ir a las manis lilas; que si las personas migrantes son unas vagas que subsisten con ayudas sociales; que si tal etnia; que si las personas con discapacidad; que no al hiyab pero sí al bikini; que si las banderas; que si eres separatista mereces la hoguera y si amas tu país, te crucifican por facha; que si es gord@... o flaco; pero es pobre; que si la dieta vegana, las peleas entre hinchas de equipos de fútbol masculino... bla bla bla. 

La mejor gente es la sencilla y la gente sencilla es rica y pobre; del sur o del norte; de piel amarilla, negra o roja; de derechas y de izquierdas; agnóstica o religiosa, de playa nudista o de burkini; de cualquier orientación sexual y dietas diversas. ¿En serio hace falta recordar nuestra dignidad intrínseca? ¡Que la otra persona no piensa como piensa para fastidiar, sino porque cree que es lo mejor ...! ¿Para sí mism@? Puede. Por ello, está guay que se debata, que haya conflictos para seguir evolucionando, pero nunca faltas de respeto.

Una de las causas de está patología del odio es que estamos aburrid@s y tenemos que buscar algo que nos estimule. Estamos tan sobreexcitad@s, que lo que nos debería hacer sentir, nos resbala. Caemos en la apatía y en el egocentrismo de buscar para nosotr@s mism@s experiencias provocadoras. Necesitamos encontrar sensaciones placenteras. No importa qué hacer sino qué me hace sentir y nos olvidamos de que hay mundo más allá de nuestro ombligo. 

En redes sociales, amparad@s por el anonimato y alentad@s por la pertenencia a distintos grupos se cometen auténticas barbaridades. Una pena, porque estas herramientas pueden apoyar acciones y proyectos muy nobles, aunque sus frutos los veamos a largo plazo. ¿Por qué no estamos dispuest@s a esperar? Parece que en una sociedad reducida al emotivismo como la nuestra, si algo no me hace sentir nada de inmediato, no vale la pena. ERROR.

Si el amor es clarividente y el odio focaliza la mirada en lo negativo, la indiferencia es el no querer mirar. Por eso, hay que educar la mirada. Y ordenar los afectos. Para lo cual hace falta voluntad. Creo que casi todo en la vida se puede cambiar con la fuerza de la voluntad.

Por otro lado, la insatisfacción que conduce al aburrimiento permanente, además de una carga frustrante que soportar, es también una oportunidad para la meditación, para autoconocerse, para la creatividad... como l@s niñ@s cuando no tenían tantos juguetes y se los inventaban. 

El verdadero problema es cuando la indiferencia nos lleva a ser frí@s y cómod@s ante los grandes problemas del mundo. Cuando hablo de mundo, me refiero a la guerra de Siria, las personas retenidas en los CIEs en España y la situación de mi vecina del quinto que se ha divorciado y no tiene empleo. 

¿Preferimos ocuparnos en otras metas más rápidas? ¿De verdad nuestro objetivo es ser mediocre? Creo (y espero) que no. 

Es verdad que no podemos comprometernos con todo y que empatizar demasiado con todas las situaciones nos impediría disfrutar de la vida. Desear hallar el punto medio entre estos dos extremos es un buen inicio. Y seguir formándose y educar. 

Porque la ignorancia es motivo de odio y de indiferencia. Quien conoce, puede amar. La persona que ama bien no le hacen falta normas porque el amor está bien educado. Quien no ama, no va a ver bien el bien moral por hacer. Cuando somos egoístas, no vemos que estamos mal. Y nos pasa. Y nos damos cuenta cuando salimos del atolladero y echamos la vista atrás.

Debemos buscar un interés que nos motive a actuar de cara al exterior. La motivación tiene una fuerza atractiva. Cualquier cosa que nos parece interesante nos despierta una exigencia, un deseo que nos conduce a salir de nosotr@s. 

ODIO. ABURRIMIENTO. INDIFERENCIA. Los tres lados del triángulo del mal.

AMOR. RESPETO. INTERÉS. CREATIVIDAD. COMUNIDAD. Las cinco patas donde asentar la vida.

Me he centrado más en lo malo, pero es que lo bueno no requiere de explicación, porque se disfruta, se siente, se vive (y no cuesta ponerle nombre).

¡Ánimo! Nos nos dejemos engatusar por aquellos cantos de sirenas que nos inducen a tirar por la borda y despreciar las pequeñas acciones cotidianas a favor de la PAZ. 

"Sin embargo, el derecho, con ser imprescindible, no basta. Porque el conflicto entre libertad de expresión y discurso del odio no se supera solo intentando averiguar hasta dónde es posible dañar a otros sin incurrir en delito, hasta dónde es posible humillar su imagen sin llegar a merecer sanciones penales o administrativas. En realidad, las libertades personales, también la libertad de expresión, se construyen dialógicamente, el reconocimiento recíproco de la igual dignidad es el auténtico cemento de una sociedad democrática. Tomando de Ortega la distinción entre ideas y creencias, que consiste en reconocer que las ideas las tenemos, y en las creencias somos y estamos, podríamos decir que convertir en creencia la idea de la igual dignidad es el modo ético de superar los conflictos entre los discursos del odio y la libertad de expresión, porque quien respeta activamente la dignidad de la otra persona difícilmente se permitirá dañarla. (...)

Cultivar un êthos democrático es el modo de superar los conflictos entre la libertad de expresión y los derechos de los más vulnerables. Porque de eso se trata en cada caso: de defender los derechos de quienes son socialmente más vulnerables y por eso se encuentran a merced de los socialmente más poderosos." - Adela Cortina (Artículo completo aquí)